Torre de la iglesia parroquial
 
Retablo de la Iglesia parroquial
 
Talla flamenca de la Virgen de Cortes
 
Pila bautismal en la Iglesia parroquial
 
Torreón del Castillo y torre de la Iglesia
 
Torreón del Castillo
 
Puerta principal del Castillo-Palacio
 
Puente del Parque público municipal
 
Fuente del Parque público municipal
 
Copa ritual del "Alto de la Cruz"
 
Cerámica del "Alto de la Cruz"
 
Cerámica del "Alto de la Cruz"

Qué visitar

CONJUNTO MONUMENTAL

PARROQUIA DE SAN JUAN BAUTISTA

La parroquia de San Juan Bautista debe su estructura fundamental a la segunda mitad del s. XVI en que se construye la nave central de estilo gótico-renacentista.

- Un plan de nave única con cuatro tramos, jalonados por pilares y arcos de medio punto, y cabecera pentagonal; la cubrición se realiza mediante bóveda estrellada en el presbiterio y bóvedas de nervios mixtilíneos en la nave.

- En el s. XVIII se amplía el edificio con dos naves laterales cubiertas por bóvedas de arista.

- Finalmente, en 1892 se añade la Capilla del Cristo, según datos extraídos del Archivo Parroquial; la capilla está adosada al primer tramo de la nave del Evangelio tiene planta central cruciforme y bóveda de arista.

Al exterior presenta la iglesia muros de ladrillo, fachada principal abierta a la Plaza, a la que se ha añadido un cuerpo moderno con un relieve de San Juan Bautista del escultor tudelano Loperena.

La torre de ladrillo adosada a los pies, en el lado del Evangelio, tiene un primer cuerpo primitivo cúbico decorado con rombos de tradición mudéjar, y dos cuerpos superiores del s. XVII que culminan en un chapitel bulboso.

Nave del Evangelio

Preside la capilla del Santo Cristo la imagen del titular, de gran devoción que cuenta con cofradía propia; es talla de tamaño natural, de estilo barroco con resabios romanistas especialmente en la cabeza, muy dramática y apurada de talla; Al pie de la cruz, se encuentran las tallas de María, la madre de Jesús y de S. Juan Evangelista, recientemente restauradas completando el conjunto escultórico. Parece todo él de la misma época.

En el muro frontal de la nave hay un retablo pequeño tradicionalmente llamado de Nuestra Señora del Pilar, barroco de la segunda mitad del s. XVII, con cuerpo único de columnas salomónicas.

La pieza más valiosa que se conserva es una talla de la Virgen, flamenca de mediados del s. XV, donada según la tradición por Blanca de Navarra en l433, con policromía de la época a base de blanco marfileño y oro; Obra de exquisita belleza, la Virgen lleva cabello largo y el característico tocado flamenco y sostiene al Niño en sus brazos. El manto se pliega en angulosidades no excesivamente duras. Fue adaptada para Virgen del Pilar colocándola sobre una columna y coronándola de forma similar a la del Pilar. Ha sido venerada con esa advocación en su correspondiente retablo durante muchos años. Fue restaurada en 1.984. Actualmente se encuentra sin la corona, tal como fue tallada, quedando así realzada la originalidad que la caracteriza.

Presbiterio

Preside la capilla mayor el retablo de San Juan Bautista de tamaño mediano, cuya traza primitiva se debió a Francisco de CoÇo, maestro de Ejea de los Caballeros, quien lo hizo en los primeros años del s. XVII.

Tal como hoy se ofrece, se compone: banco, dos cuerpos de tres calles, formados por dos órdenes de columnas jónicas y corintias respectivamente, y un ático. Quedando la escultura en la calle central.

Las pinturas del banco describen escenas del Nacimiento de Cristo y la Epifanía; tanto por su composición como por su rico colorido veneciano, estas tablas se aproximan a la tendencia italiana imperante en la pintura navarra del s. XVI y XVII, completan el banco los cuatro Padres de la Iglesia.

Los tableros laterales representan escenas del Bautista: en el primer cuerpo el Bautismo de Cristo y Nacimiento de S. Juan Bautista, composición de tipo rafaelesco muy usual en la pintura del s. XVI.

La figura de San Miguel, situada en la calle central y procedente de la ermita desaparecida, es una talla barroca del s. XVIII y finalmente el Calvario es más moderno.

Nave de la Epístola

Se encuentra el retablo de San José, barroco, de finales del s. XVII, de tamaño pequeño; tiene banco con lienzo de la última Comunión de San Pedro Nolasco, y cuerpo único de columnas salomónicas.

Sacristía

En la sacristía se guarda un Crucificado romanista del último tercio del s. XVI próximo al estilo Biniés.

En los pilares que flanquean el presbiterio cuelgan dos pinturas sobre tabla de Santa Águeda y Santa Engracia, italianizantes, influidas por la escuela veneciana de comienzos del s. XVII.

Dos pinturas sobre tabla de Santa Águeda y Santa Engracia, italianizantes.

Influidas por la escuela veneciana de comienzos del s. XVII.

La única pieza de orfebrería reseñable es una Cruz procesional de plata dorada de estilo gótico, con decoración plateresca de la primera mitad del s. XVI, restaurada en Febrero de 2001.

Puede ser de la misma época en que se levantó la actual iglesia. Esto hace pensar que ha podido ser la cruz que ha presidido las celebraciones de los cristianos de Cortes desde mitades del S. XVI, hasta su sustitución. Una vez restaurada ha vuelto a ocupar su lugar como cruz procesional.

Despacho parroquial

Pintura sobre tabla de la Ultima Cena, estilo italianizante y colorista, de Juan de Lumbier.

Dependencias parroquiales

Un Crucifijo romanista del último tercio del s. XVI, se utiliza en la Javieradas.

Diversas esculturas: la Dolorosa y San Juan, barrocas. San Francisco Javier y San Fermín; Sagrado Corazón todas ellas barrocas.

EL CASTILLO

Los orígenes del castillo de Cortes son muy antiguos, pudiéndose remontar a la época de dominación musulmana anterior a la reconquista de la villa. Las primeras noticias de su existencia datan de los años 1128, fecha en que fue confiado a don Ramón - hermano del Conde Rotrón de Alperche- señor de la villa recién conquistada.

Por los años finales del reinado de Sancho el Fuerte lo poseía doña Toda Ruiz, hija de don Rodrigo Abarca y, a partir de 1234, fue propiedad de la monarquía navarra, la cual nombraba sus alcaides y cobraba los tributos haciéndose cargo de las reparaciones; dicha propiedad la conservó la Corona hasta 1462 con el paréntesis de los años 1413 a 1428 que perteneció a don Godofre; hijo bastardo de Carlos III, que se tituló Primer Conde de Cortes.

En 1462 Juan II lo donó a su hijo natural don Alonso de Aragón, duque de Villahermosa, cuyo retrato se conserva en una de las dependencias del castillo.

En 1533 se convirtió en marquesado, siendo su primer titular don Pedro Enríquez de Lacarra.

El castillo de Cortes está unido a la figura de Carlos III, quien se hospedó en él frecuentemente con motivo de sus cacerías.
El castillo fue escenario de la histórica entrevista entre Carlos III y Martín el Humano, rey de Aragón, cuando éste eligió a doña Blanca para esposa de su hijo.

En él, Fernando el Católico fue nombrado Lugarteniente General del Reino para Cortes de Zaragoza en el 1464, como recuerda una lápida incorporada en la fachada.

La construcción, de origen medieval, ocupa un amplio rectángulo amurallado, con jardines en la parte posterior. Como núcleo del mismo tiene un patio rectangular, el Patio de Armas, en torno al cual se organiza todo el conjunto, situándose la vivienda señorial en el flanco occidental y en el ángulo sureste una torre prismática coronada por almenas y matacanes.

Poco tiene que ver con la construcción actual, a no ser la cimentación de la citada torre, sótanos, así como la rampa que conduce desde el Patio de Armas hasta la primitiva puerta de entrada.

El castillo tuvo otras torres, lo sabemos por la documentación que fueron reformadas en 1434 y 1447 por los moros tejeros y carpinteros de Tudela, como la Torre del Homenaje, la Torre Blanca y otras dependencias.

En el s. XVI se remodeló este castillo, adquiriendo aspecto de palacio señorial, iniciándose la obra en el invierno de 1562 hasta 1634 que tiene lugar "la tasación de la fábrica del castillo".

El actual recinto amurallado, de mampostería y ladrillo, con macizos torreones semicirculares flanqueando la entrada, fue construido en la Edad Moderna.

Con todo, el definitivo aspecto corresponde a la reforma del s. XIX, como bien delatan los arcos apuntados de algunas ventanas así como el ambiente romántico de los interiores neogóticos. Cuando se coloco sobre la portada principal un blasón barroco jaquelado, de la familia Jaureguizar.

PARQUE PUBLICO MUNICIPAL

Precioso y de gran valor naturalístico, antes era la antigua huerta del Castillo. Hoy convertido en un parque de gran belleza. Donde se celebran conciertos, bailes, juegos para los niños.

Todo esto amenizado por el cantar de los pájaros. Adornado por los patos de diferentes especies, ocas y cisnes del estanque.

Un entorno ideal para descansar, en el largo camino del peregrino.

En Navidad, tien lugar en él la representación del "Belén Viviente", al que acuden numerosos visitantes cada año.

ARQUEOLOGIA

Cortes cuenta con uno de los más interesante poblados de la Edad del Hierro de España, en el sitio del Cerro de la Cruz, excavado por D. Blas de Taracena con ayuda de los profesores Vázquez de Parga y Gil Farrés, y posteriormente por D. Juan Maluquer, en sucesivas campaña entre 1947 y 1955.

Comprende un primer poblado de la Edad de Bronce, cuya cronología puede cifrarse entre mediados del s. IX hasta el 700 a. de C., conservándose de esta época en el Museo de Navarra fragmentos de cerámica excisa e incisa y algunas piezas líticas. Sobre este poblado se superponen dos sucesivos de la Edad del Hierro; el más antiguo fue destruido y saqueado por un pueblo invasor hacia el 550 a. de C.; después se forma un segundo poblado, que será abandonado definitivamente en el s. IV a. de C.

El primer poblado de la Edad del Hierro cuenta con gruesa muralla de adobes, calles bien trazadas y casas de planta rectangular, con la puerta en uno de los lados menores, muros de barro y adobe y techumbres de cañizo entramadas de palos y varas recubiertas con barro. Con el tiempo y la prosperidad económica, algunas casas se enriquecen, revocándose, encalándose y decorándose su interior con pinturas murales; algunas de éstas representan motivos geométricos de círculos y triángulos, a modo de guirnaldas y cenefas y, en casos excepcionales, figuras humanas estilizadas. En el centro de la vivienda está el hogar, precedido de un vestíbulo y con una despensa al fondo.

Sus pobladores debieron practicar la agricultura y la ganadería, dedicándose también al tejido de la lana y, probablemente, al lino. Conocieron la metalurgia y utilizaron numeroso instrumental de cerámica, fabricada a mano.

El segundo poblado de la Edad del Hierro presenta casas más pequeñas e irregulares, y su trazado urbano carece de la uniformidad del anterior; con todo, una rápida recuperación económica permite una mayor riqueza de las casas, que de nuevo se encalan y decoran con pinturas murales. El riesgo de nuevos ataques hace más precavidos a los habitantes, los cuales muestran constante preocupación por el armamento.

En el Museo de Navarra se conservan diversas piezas procedentes de estos dos poblados de la Edad del Hierro, como silbatos, agujas, fusayolas y espátulas, de hueso; mazas, fusayolas y molinos para granos, en piedra; vasos de cerámica sin morillos, una serie de idolillos y pesas de telar, así como un fragmento de pintura mural.

Por lo que respecta a la metalurgia, se conservan coladores, collares, brazaletes, asadores, botones, cadenitas, agujas, cuchillos de hierro, etc.

Coetánea del segundo poblado de la Edad del Hierro es la necrópolis de incineración de la Atalaya, verdadero campo de urnas. De ella se conservan en el Museo de Navarra enterramientos completos, con urna y ajuar, y conjuntos de ajuares; destacando los broches de cinturón pasadores, alfileres de cabeza de vaso, fíbulas, cuchillos y espadas de hierro, y otros objetos de bronce, plomo y hueso. Todas estas piezas han llegado a nuestros días en estado muy deteriorado.

Durante la dominación romana el término se pobló de numerosas villas señoriales, de las que Maluquer localizó cinco en un radio de dos Kilómetros del Cerro de la Cruz.